Hilo narrativo 37
El carruaje partió sin aviso. Los viajeros estaban distraídos, pensando que aún tenían un buen rato. Cual no fue su sorpresa, al oír el relinchar de los caballos de tiro en el preciso momento de su partida. Extrañados, se miraron y siguieron tomando un trago. Cuando salieron se encontraron con las huellas de su partida en el barro. Indignados despotricaron, pero no les sirvió de nada. Ni siquiera el mesero les miró con lástima. Se habían quedado con lo puesto y él sacaría provecho. En esa época de maleantes, su refugio era boyante. Se repartían las ganancias, mesero y cochero. Los viajeros esperarían el siguiente carruaje, previsto para el día siguiente. Decían en los mentideros que esa ruta tenía tropiezos.