Hilo narrativo 36

 Los libros murmuraban entre sí, después de que Leire saliera con uno en la mano. 

—¡Qué suerte!

Se decían unos a otros.

—A mí me gustaría acompañarla en sus paseos para ver mundo— dijo un Atlas olvidado.

—Estás obsoleto. A ti nadie te busca. Ni siquiera por el placer de olerte y pasar tus hojas. Hace mucho que los mapas son interactivos. Lo siento, viejete— dijo con soberbia un manual de mecánica.

—Pues a ti, no creo que te lleve. No la veo muy dada en motores.

—¡Silencio, que vuelve!

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