Hilo narrativo 17

 Gerardo era un hombre de costumbres. Todos los días, sin fallar ni uno, despertaba un minuto antes de las seis de la mañana, hiciera frío o calor, fuera festivo o no. Solía cenar al atardecer y se acostaba temprano. En su apartamento tenía lo Justo. Lo necesario e imprescindible. Era solitario. No se le conocía romance alguno, y saludaba con formalidad a sus vecinos y a los habituales. Sus trabajos en una agencia de seguros eran de chupatintas. Llevaba años en el mismo puesto, y nunca se quejó por nada. Los cambios no le afectaban de forma especial. Maduro, de unos cincuenta años, parecía no tener edad. De joven se le hubiera supuesto más y en el tiempo que nos ocupa si nos preguntáramos no sabríamos concretar.

No pasó desapercibida su desaparición. Primero un murmullo entre vecinos. Después en el lugar de trabajo. Pasados tres días de la semana, el jueves, dieron la voz de alarma. Entraron en su casa. Allí no había otro rastro que sus peces faltos de alimento. Todo en orden. La cama hecha. El suelo barrido y fregado.

Por vivir sólo poco desorden podía hacer.

Allí donde desayunaba los habituales elucubraban.

Se le empezó a olvidar pasados los días de esa semana, pero se emitió una orden de búsqueda.

En la prensa, en las redes sociales, en las pantallas.

Ocurrió que el pastor que lo acogió en su refugio de montaña comunicó su encuentro y pronto se hilaron cabos.

Era aquel hombre desaparecido.

Cuando vieron la magnitud de golpes y las consecuencias del olvido, llevaron con discreción la situación, evitando dar información.

Aquellos que lo habían cogido no tuvieron noticia. 

Creyeron que no se encontraría su cadáver.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Hilo narrativo 10

Hilo narrativo 1

Hilo narrativo 31