Hilo narrativo 21

 


Esperaba. Tocaba bajar la persiana, pero no quería fallarle. Ella le había encargado ese libro y se habían escrito por WhatsApp, quedando a las siete. Ya pasaban más de veinte minutos, tiempo que se le hacía eterno, sin otra nota de voz, o escrita. Pensaba que algo la entretenía y no quería decepcionarla. No sólo era su clienta favorita. Cuando miraba en sus ojos sentía calma. Era un alma buena. Pensaba.

Al día siguiente, en las primeras luces del día, pararon por esa calle los habituales. Extrañados al ver luces en su interior se acercaron y vieron a través del cristal de la puerta de entrada un cuerpo tendido en el suelo, en medio de un charco de sangre.

Avisaron y pronto se oyeron sirenas.

Ella, en su casa, con su taza de café ojeaba un libro.

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