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Mostrando entradas de enero, 2026

Hilo narrativo 29

 La cerradura se abrió sola. Luisito quería ver qué había en el baúl del desván. Lo intentaría a solas. Después de rato, cuando escuchó voces de sus primos y el resto de la familia, fuera de la casa, salió de su escondite.  Aunque buscarán no lo iban a encontrar, habían salido sin verlo y supondrían que, como siempre, estaría en la orilla del riachuelo observando libélulas y renacuajos. Era sabido que quedaba extasiado mirando aquellos seres minúsculos que merodeaban el barro y plantas.

Hilo narrativo 28

 La escalera descendía sin fin. El niño se aventuró. La curiosidad pudo más que la prudencia, aunque su hermana Lisa le había prevenido, diciéndole que adentrarse por el ala izquierda del caserón tenía sorpresa nada grata. Lois dudó. Mirando hacia arriba no divisaba otra cosa que oscuridad. En sentido contrario escuchaba un sonsonete de cascabel que le hizo pensar en la magia. Lo siguió eternamente. Se olvidó el mundo de él. Su madre, abuela y hermana lloraron su desaparición. Un día Lisa bajó.

Hilo narrativo 27

  —¿Te enteraste? En Kasper. —¡Sí, qué fuerte! —¿Vamos? Quiero ver lo que se mueve por allí. Habrá cámaras. Igual entrevistas. Podemos pillar. —¡Qué dices! Bruta. —Igual hay despiste y nos podemos agenciar algún libro. —Qué poco sentido tienes. No ves que donde hay crimen hay poli. —No lo había pensado. Pero de todas maneras, vamos. Quiero curiosear y ver si alguna influencer se hace fotos. Una de esas que proponen esas lecturas en redes. Seguro que podemos hacer algún vídeo para subirlo. —Bueno. Si te empeñas. Pero que conste que no me hace ni pizca de gracia meter las narices. Seguro que hay sangre, y a mí me entra mareo y vómito. Lo miraré de lejos. —Como quieras. Ya me acerco yo, y después te lo cuento. ¡Vale! —No. Espera. Voy contigo. No me apetece quedarme sola. Me da yuyu.

Hilo narrativo 26

 La senda surgió bajo sus pies. Había separado todo tipo de hierbajos. Tenía los bajos del pantalón casi desgarrados, por los tirones, al querer desembarazarse de los largos garfios de enredados hilos con pinchos de las muchas zarzas encontradas en su trayecto. Pero no cejó en su empeño. Sabía que tocaba ir por ahí, y al fin el sendero le dio la razón. Los que le seguían y criticaban guardaron silencio avergonzados. ¡Qué era un simple arañazo, si al fin podrían huir de la crueldad del tirano. Encontraron la entrada a la cueva que atravesarían bajo las montañas. Sus víveres eran escasos. Otros, en otro tiempo superaron los montes con hielo y frío. Era verano.

Hilo narrativo 25

 La nieve escondía algo antiguo bajo su manto. El silencio la arropaba. El cielo reverenciaba su presencia. Llegaron tribus del este con pieles y arpones, dejando las huellas de su caminata. Tras ellos brillaba la cúpula de una civilización perdida. Ni se percataron, ni hubieran valorado nada que no les fuera útil. Iban a la caza de otras tribus. Entre ellas se masacraban y alimentaban. Organizados conseguían refugio y carne. Lo humano era algo de lo que sólo hablamos cuando imaginamos. El clan, la única patria. La vida con sangre se lava.

Hilo narrativo 24

Tercer movimiento de esta narrativa. Anterior  https://tirandodelhilonarrativo.blogspot.com/2025/12/hilo-narrativo-22.html Marcia recibió requerimiento para presentarse en comisaría. Allí llegó. Puntual. Respondió sin dudar y aseguró haberse despedido de él. En cuanto si le había parecido preocupado, contestó que como siempre, si se retrasaba temía por ella. Aquel día el retraso se debió a diferentes situaciones fortuitas. Tenía que salir del trabajo y a última hora una compañera le entretuvo enseñándole fotos de su nieto. No podía decirle que tenía prisa. Eso interferiría en su relación futura. Ella sabía que para su compañera el nieto era lo más maravilloso del mundo, y que quisiera compartirlo con ella era todo un detalle. Hubiera llegado un cuarto de hora tarde, pero saliendo a la calle un cliente se le acercó con la premura de saber cómo iban sus gestiones.  No podía darle largas. Aún así, en quince minutos lo dejó contento. Media hora de retraso no era demasiado. Tenía q...

Hilo narrativo 23

 El hielo comenzó a resquebrajarse bajo sus pies. Se quedó quieta, conteniendo la respiración. Pensó ¿Cómo pudo ser tan insensata? De niña podía, pero sus quilos pesaban y el hielo de la charca no los resistía. Se encomendó a ese que nunca nombraba y eso le hizo soltar una carcajada. Si se tumbaba, igual podía salir a cuatro patas, como los gatos. Disminuiría la presión en un punto. Así lo hizo. Se libró de esa. ¡Nunca más, que me la juego!  Gritó, y escapó de un destino gélido. El sol en su ocaso pintó un paisaje que no olvidaría.