Hilo narrativo 23
El hielo comenzó a resquebrajarse bajo sus pies. Se quedó quieta, conteniendo la respiración.
Pensó
¿Cómo pudo ser tan insensata?
De niña podía, pero sus quilos pesaban y el hielo de la charca no los resistía.
Se encomendó a ese que nunca nombraba y eso le hizo soltar una carcajada. Si se tumbaba, igual podía salir a cuatro patas, como los gatos. Disminuiría la presión en un punto.
Así lo hizo.
Se libró de esa.
¡Nunca más, que me la juego!
Gritó, y escapó de un destino gélido.
El sol en su ocaso pintó un paisaje que no olvidaría.
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