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Mostrando entradas de noviembre, 2025

Hilo narrativo 9

 Había estado allí todo el tiempo, sólo que nadie lo había notado. Ser invisible tiene sus ventajas. No es un poder o magia, es ser parte de un mundo que ve lo que mira. Como la ciencia, que no avanza, porque no ve más allá. La humanidad no progresa como se quiere hacer creer. Pasa por alto todo aquello que no entra dentro de su interés. De hecho, hablar de sociedad es error, porque el gregarismo va por donde lo lleva esa manipulación de la realidad que les permite seguir allí por siempre jamás.

Hilo narrativo 8

 Te fuiste tan lejos que no pude seguirte. Están pasando los años. Regresa para que ambos podamos volver a ser jóvenes.

Hilo narrativo 7

 Cuando despertó, el mundo ya no tenía color. El gris en todos sus matices, el blanco y el negro. Estaba atrapado en el Nodo. Recordó La rosa púrpura del Cairo.  Estaba dentro de un pasado.

Hilo narrativo 6

 El trono estaba cubierto de cadenas. Cadenas de oro. Cadenas de bronce. Cadenas de hierro. Símbolo de esclavos en tiempos pasados. Esclavos para amos. Esclavos del dinero y el oro. Ese trono estaba vacío desde hacía siglos. Era la memoria de todo aquello que les había destruido. Habían, al fin, aprendido. Vivir era lo único válido.

Hilo narrativo 5

 El pozo devolvía voces antiguas, acumuladas de pasados. Se había saturado con tantos deseos y frustraciones sumados. El llanto mezclado en sus aguas filtraba a campos de huertos y secanos áridos. El pan y patatas que de allí se obtenían se amargaba a pocos minutos de servirse en la mesa del pobre. El rico no lo vivía. Traían de lejos, en barcos, las finas harinas que se amasaban en sus cocinas, para bollos tiernos y dulces selectos. Aquellas voces crecían. Quejidos al alba. Susurro de día.

Hilo narrativo 4

La luna estaba manchada de sangre. Los vampiros revoloteando por la ciudad, sin nada que llevarse al diente. Ansiosos se miraban y tentaban a la luna llegar, pero no estaba a su alcance. El día a punto de estallar encontró a muchos de ellos sin poderse ocultar.  Ese traspiés les desveló que el sol no era quien los iba a calcinar. Aquellos incautos perdieron sus alas, nada más.  La noche siguiente habría dos especies irreconciliables para disputarse algún manjar descuidado.  La luna de sangre.

Hilo narrativo 3

 El bosque susurraba secretos prohibidos. Sólo ciertas personas interpretaban su significado. Las llamadas a unirse a él. El resto siguió como si tal cosa. Sí que hablaron entre ellos de esos zumbidos extraños que no les dejaban conciliar el sueño en la noche o la siesta. El resto del día ni se daban cuenta, pues el ruido de su actividad estaba unos decibelios por encima. Rigane era la que veía y oía, aún sin saber que se decía. Advirtió cómo algunas personas transportaban ciertas compras allí.

Hilo narrativo 2

 Nadie recordaba haber construido aquel laboratorio. No había datos ni registros.  Habría pasado desapercibido tras la puerta blindada del final del pasillo. Oculta tras un archivador de metal que quisieron reemplazar por la fotocopiadora. Allí, pensaron se podría trabajar sin tenerse que apartar siempre que alguien entraba o salía del lugar donde hacía tiempo se había ido cambiando de uno a otro modelo. Lo extraño fue que les bastó empujar. No había cerradura. Ni pestillo.  No era del pasado. Aquellos alambiques eran de un material desconocido. Tardarían en desentrañar todo lo que pudieron registrar. Eso dijeron. Empaquetaron en cajas similares a ataúdes, por su aislamiento y lo llevaron al depósito oculto tras un muro sin acceso aparente. Pasaría tiempo. Mucho. Sólo un cataclismo podría sacarlo a la luz o dejarlo sepultado hasta el final de los tiempos. Eso daría para muchos supuestos e interpretaciones en un futuro que seguiría sin alcanzar los avances ocultos.

Hilo narrativo 1

 Salimos bajo la lluvia pisando barro. El camino enmarañado de hierbas y rastrojos. Éramos un grupo reducido. Dos jóvenes un niño y un adulto. Años sesenta. Tuvimos que hacer un largo recorrido. Creo recordar sus nombres, aunque es posible que me equivoque. Hace demasiado tiempo, y después de ese día no los he vuelto a ver. Huíamos del cerco estrechado. Nos habían dicho que ese camino era seguro, que nadie buscaría por allí. No nos conocíamos. Lo habían arreglado para que pareciéramos un grupo familiar allí donde nos iban a llevar. Fue un engaño o algo salió mal. No tengo sangre en mis manos, pero me perseguían por criminal. No sé cuáles eran sus delitos. No pregunté. Apenas intercambiamos palabra. Era importante no saber. Supongo que nuestra ideología nos hermanaba. Os preguntaréis cómo puedo recordar sus nombres. Ya digo que es fácil que me equivoque. También es posible que fueran sus alias, sólo era yo quien escapaba, y ellos ayudaban. Hubiéramos pasado la noche. Ese era el pla...