Hilo narrativo 22
Continuación de https://tirandodelhilonarrativo.blogspot.com/2025/12/hilo-narrativo-21.html
Cuando se revisaron las cámaras de vigilancia, allí estaba ella, en un gesto amable, interaccionando con él.
De la calle se la veía salir con un libro bajo el brazo.
No había indicios que la acusaran, pero la requirieron en la investigación, por ser la última persona que entabló contacto con la víctima.
El comisario Pañez exigió meticulosidad. No quería perder ningún detalle.
Dentro del establecimiento no encontraron desorden, ni signos de lucha.
De hecho, el gesto en la cara de la víctima no denotaba angustia.
¿Era posible algo así?
Ninguna salpicadura sobre los expositores de libros.
El propietario acudió presto, y lo único que pareció importarle fue si había rastro de sangre sobre su mercancía.
No denotaba ninguna empatía. Calculaba con desagrado las pérdidas que le supondría no tener el establecimiento abierto, mientras durarán las investigaciones, y el mal fario que podía ahuyentar a los futuros clientes.
Los libros que allí se expedían se vendían como churros, pero caducaban pronto. Un mes bastaría para tener que desecharlos si no se vendían, dando trabajo de devolución a cambio de nada.
Otro problema que le venía encima era dar con un nuevo empleado capaz de llevar la venta sin necesidad de tener que estar encima.
Se lamentó de no tener su propia cámara dentro. Sólo la mantenía enfocando la puerta de entrada, para disuadir a posibles ladrones, aunque los ladrones no tendrían interés alguno por la mercancía visible. La oculta no se conocía. Era un local intermedio de almacenaje, donde estaba oculta en esas cajas de libros que se devolvían.
No intuyeron los agentes aquello, y respiró aliviado. Enfocaban su atención en un posible móvil inherente a la misma víctima.
Tocaría empezar a investigar por allí.
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