Hilo narrativo 38
La posada escondía un huésped eterno entre las vigas próximas al fuego. Ese ser inmaterial se alimentaba del calor de aquellos que se acercaban al calor de la lumbre. Quien pasaba una noche cerca del fuego perdía un año de su vida. Los meseros tenían pacto que se fue renovando generación tras generación.
Al otro extremo del salón, un hombre escribía, detallando los rasgos de todos los que allí permanecían.
Él sabía, porque en los detalles iba recogiendo el rastro de aquello que nadie veía.
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