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Mostrando entradas de diciembre, 2025

Hilo narrativo 22

Continuación de  https://tirandodelhilonarrativo.blogspot.com/2025/12/hilo-narrativo-21.html Cuando se revisaron las cámaras de vigilancia, allí estaba ella, en un gesto amable, interaccionando con él.  De la calle se la veía salir con un libro bajo el brazo. No había indicios que la acusaran, pero la requirieron en la investigación, por ser la última persona que entabló contacto con la víctima. El comisario Pañez exigió meticulosidad. No quería perder ningún detalle. Dentro del establecimiento no encontraron desorden, ni signos de lucha. De hecho, el gesto en la cara de la víctima no denotaba angustia. ¿Era posible algo así? Ninguna salpicadura sobre los expositores de libros. El propietario acudió presto, y lo único que pareció importarle fue si había rastro de sangre sobre su mercancía. No denotaba ninguna empatía. Calculaba con desagrado las pérdidas que le supondría no tener el establecimiento abierto, mientras durarán las investigaciones, y el mal fario que podía ahuyent...

Hilo narrativo 21

  Esperaba. Tocaba bajar la persiana, pero no quería fallarle. Ella le había encargado ese libro y se habían escrito por WhatsApp, quedando a las siete. Ya pasaban más de veinte minutos, tiempo que se le hacía eterno, sin otra nota de voz, o escrita. Pensaba que algo la entretenía y no quería decepcionarla. No sólo era su clienta favorita. Cuando miraba en sus ojos sentía calma. Era un alma buena. Pensaba. Al día siguiente, en las primeras luces del día, pararon por esa calle los habituales. Extrañados al ver luces en su interior se acercaron y vieron a través del cristal de la puerta de entrada un cuerpo tendido en el suelo, en medio de un charco de sangre. Avisaron y pronto se oyeron sirenas. Ella, en su casa, con su taza de café ojeaba un libro.

Hilo narrativo 20

 El horizonte se había movido unos metros hacia atrás. ¿Era mi vista o un fenómeno natural? Nos adaptamos, como a todo. Las panorámicas nuevas cobraron normalidad y las de otro tiempo quedaron en el olvido.  Habíamos sido testigos del cambio. Algo inusual. En nuestros recuerdos costaba imaginar esa línea imaginaria que en otros tiempos mirábamos desde lugares idílicos. Nos hablaban de amaneceres y puestas de sol. Creo que hubo algo así, pero ya no.

Hilo narrativo 19

 Clarita —Clarita, bonita, ven. Este señor va a ser tu papá. La abuela había sido su referente, porque su mamá la había tenido de jovencita. Como consecuencia de una relación oculta que nunca se desveló. Marga era su madre, pero ella convivía con ella en una relación fraterna. Se casaba y quería que la niña viviera con ellos. Para Clarita fue terrible. Se sintió abandonada. En la noche lloraba hasta quedarse dormida, imaginando que Carmen, su abuela, la rescataría y que todo aquello desaparecería. Pero nunca volvió a la que había sido su casa. Habían decidido separarlas para siempre. Querían protegerla, porque un cancer que avanzaba sin dar tregua se iba adueñando de la que para ella había sido su madre. Tenía cinco años. Pensaron que con el tiempo olvidaría, cosa que no sólo no ocurrió, sino que ella atesoró en su memoria todos los momentos vividos con su abuela. Recrearse en ellos le hizo revivirlos con adorno y fantasía. No se daba cuenta de la tristeza que padecía su madre, y s...

Hilo narrativo 18

 El aire olía a promesas antiguas. A pasado esperanzado. A sueños olvidados. A esa vida gastada y oxidada. A silencios y tardanzas. Quisiera olvidar. Pasar un paño de quitar el polvo y dejar sin rastro ese plano de memoria, pero volvía a la carga siempre que esa nota perdida sonaba en su interior. Se quiso liberar, pero le pudo el temor de que al intentarlo fallara y su futuro fuera aún peor. Cuántos intentos fallidos habían atrapado a incautos. Lo soportó. Lo aguantó. Esperó. Pasaría.

Hilo narrativo 17

 Gerardo era un hombre de costumbres. Todos los días, sin fallar ni uno, despertaba un minuto antes de las seis de la mañana, hiciera frío o calor, fuera festivo o no. Solía cenar al atardecer y se acostaba temprano. En su apartamento tenía lo Justo. Lo necesario e imprescindible. Era solitario. No se le conocía romance alguno, y saludaba con formalidad a sus vecinos y a los habituales. Sus trabajos en una agencia de seguros eran de chupatintas. Llevaba años en el mismo puesto, y nunca se quejó por nada. Los cambios no le afectaban de forma especial. Maduro, de unos cincuenta años, parecía no tener edad. De joven se le hubiera supuesto más y en el tiempo que nos ocupa si nos preguntáramos no sabríamos concretar. No pasó desapercibida su desaparición. Primero un murmullo entre vecinos. Después en el lugar de trabajo. Pasados tres días de la semana, el jueves, dieron la voz de alarma. Entraron en su casa. Allí no había otro rastro que sus peces faltos de alimento. Todo en orden. La c...

Hilo narrativo 16

 Tenía heridas en las manos y en los pies. Su espalda arañada y su desnudez le desconcertaba. No recordaba cómo había llegado hasta ese precipicio. Creyó que había estado a punto de caer y perderse entre las rocas. Miró el tramo que le superaba y concluyó haber bajado por él, por las muestras sangrantes que pudo observar en su piel. No hubo un recuerdo preciso. No pudo reconstruir lo sucedido. Algo o alguien se lo había causado; pero qué o quién. Hacía una semana que había emprendido un viaje a pie, escondiéndose de ser visto o reconocido, pero lo que le había llevado a emprenderlo estaba difuso en su memoria. No sabía porqué se había alejado de los suyos. Antes su vida era monótona y segura. No tenía sus cosas, ni ropa, ni documentación. Seguramente se habían deshecho de él lanzándolo al vacío, pensando que moriría al final del precipicio, y se habían asegurado de no dejar huellas de quien pudiera ser. Tuvo sed. Miró alrededor y vislumbró un sendero estrecho y difícil de acometer....

Hilo narrativo 15

 Al abrir los ojos, el mundo estaba al revés. Llevaba tiempo colgado de los pies. Aquellos forajidos al principio pensaron ahorcarlo, pero cambiaron de idea, considerando que así tardaría más y sufriría lo indecible. Eran unos sádicos. Recordó como le habían atrapado en una calle y sacado a las afueras. Cómo no encontraron nada de valor en su haber, habían optado por hacérselo pagar caro. En ese momento le pasó por delante la vida que llevó y sintió ser escrupuloso y no haber sacado provecho.

Hilo narrativo 14

Nadie supo explicar porqué la sombra estaba sonriendo. Ella estaba al acecho tras el tronco del sauce, a la espera de incautos para absorbentes y seguir alimentando la savia de su árbol nodriza.

Hilo narrativo 13

 La luz tenía un peso insoportable. El vacío la absorbió.

Hilo narrativo 12

 El suelo estaba más blando de lo que recordaba. Las constantes lluvias habían deslizado barros y hojarasca desde la parte alta de las lomas. En el cuartel nadie previno que esos barros se hundirían bajo los pies en los ejercicios matinales. El río iba crecido. Anegando las orillas y edificaciones más próximas. Pudieron salir, pero llenos de barro. Hasta las orejas en algún caso. Las duchas se atascaron. Por un lado fueron los restos de barro en sus cuerpos y por otro la dificultad de desagüe.

Hilo narrativo 11

 No sabía si había llegado demasiado temprano o demasiado tarde. No había nadie. Ni rastro de que allí se hubiera celebrado el evento. La duda le llevó a preguntarse si había equivocado el día. A veces le pasaba, cruzaba citas en su mente. No dejaba anotaciones en ningún lado. Creyó recordar que era ese martes, pero ante el vacío de la sala sintió haberse equivocado. Se fue y al poco rato, cuando estaba de regreso con el tren de cercanías recibió una llamada. —¿Dónde andas? Te estamos esperando.

Hilo narrativo 10

 El tiempo parecía encogerse alrededor de la habitación del hospital. Nos despertaban cuando el sueño aún no nos había abandonado. Cada día igual. Entre unas y otras dormitar. Desayuno y aseo. Limpieza diaria de suelos. Sentado en una butaca. Dormitar. Comer. La siesta. Merienda. De nuevo en butaca. Visitas de al lado. Cerrados los ojos. Dormitar. El médico pasando visita. Dormitar.  Cenar. Pastillas. Mirar si hay fiebre. Gotero. Mañana otro día será. Monotonía encoge los días. Al lado mi hija.